martes, 7 de noviembre de 2017

OLAS QUE RECURREN MILES DE KILÓMETROS

Un tsunami puede ocurrir en un lugar, y horas después afectar a miles de kilómetros Aunque hemos visto pos separado las zonas de riesgo, todas ellas se mandan tsunamis entre sí. Estas olas son tan poderosas, que pueden recorrer miles de kilómetros.
El tsunami de Chile de 1960 avanzó hasta Japón donde provocó varios fallecidos. El tsunami de Japón de 2011 provocó daños en los puertos de Chile.
¿Y en España? ¿Hubo tsunamis? La respuesta es sí: El terremoto de 1755 en el Cabo San Vicente provocó un devastador tsunami en España el 1 de noviembre de ese mismo año.
Aun no se dispone del conocimiento necesario ni de la tecnología suficiente para saber pronosticar cuándo ocurrirá unos de estos fenómenos, lo que sí está claro es que si sucedió en el pasado, volverá a suceder en el futuro.

LAS 5 ZONAS CON MÁS RIESGO DE TSUNAMIS

1. Japón

En la zona del mar de Japón hay confluencia de hasta tres placas que se mueven continuamente, lo que hace que sean frecuentes los terremotos, pero también los grandes tsunamis. Es un país muy preparado que ha sabido crear barreras antitsunami, sistemas de alerta, aunque en ocasiones es difícil escapar. El 11 de marzo de 2011  un terremoto de magnitud 9.1 provocó más de 10.000 fallecidos. 

2. Chile:

En el otro extremo del Pacífico Chile sufrió en mayo de 1960 el terremoto más fuerte registrado hasta el momento con una magnitud de 9.5. El tsunami fue tan devastador que fallecieron más de 2000 personas pese a ser una zona poco poblada. Hubo otros anteriores, como el de 1835 que el propio Darwin llegó a vivir en la Bahía de Concepción. Tambien otros más recientes como el del año 2010 con un terremoto 8.8

3.  Indonesia:

Las islas del todo el sudeste asiático tienen un alto riesgo de tsunami, pero el movimiento de las placas es más lento que en Japón o Chile. Esto provoca que aunque haya riesgo muy alto, estos pueden ocurrir cada más tiempo. El último gran tsunami de esta zona se vivió el 26 de diciembre del año 2004 después de un terremoto 9.1 que dejó más de 220.000 fallecidos
Han tenido otros previos, como en 1883, 1861 o 1797 que también provocaron fallecidos, aunque las culturas nativas sabían actuar ante este fenómeno y muchas construcciones estaban construidas con forma de barca, sobre palos, que al ser golpeados por las olas caían y la casa se quedaba navegando.

4.  Cascadia:

Con este nombre se conoce a una región del extremo noroeste de los Estados Unidos y del suroeste de Canadá. Es una zona tectónicamente muy activa que ha provocado algunos de los mayores tsunamis conocidos. El 26 de enero de 1700 un terremoto de magnitud entre 8.2 y 9.1 provocó cientos de fallecidos y además cambió la forma de la costa. En 2010 un estudio de geólogos predijo con un 37% de probabilidad que un terremoto de magnitud 8.2 o mayor ocurriría antes del año 2060

5.  Islas Aleutianas y península de Kamchatca:

Todo esta zona del norte y noroeste del Pacífico está en alto riesgo de tsunami y de forma frecuente suelen tener fuertes temblores que activan las alertas. Uno de los peores fue el 4 de noviembre de 1952 con una magnitud de 9,0. Originó un maremoto tan fuerte que mató a más de 2.300 personas. El último terremoto ocurrió el día 8 de mayo de 2017 con una magnitud 6.6 pero no llegó a general tsunami, aunque hizo temer lo peor.

Simulando los tsunamis del pasado...

Finalmente queda comentar que los tsunamis pueden simularse en un ordenador resolviendo numéricamente las ecuaciones que describen la dinámica de fluidos. En nuestro grupo hemos realizado simulaciones para estudiar si un tsunami pudo destruir la ciudad de Tartesos, en las actuales marismas del Guadalquivir, o si otro pudo ser el responsable de la “apertura de las aguas” y destrucción del ejército egipcio en el episodio del éxodo. Las respuestas, publicadas en la revistas científicas Journal of Marine Systems y Marine Science and Engineering, fueron ambas negativas.
Raúl Periañez es investigador en el grupo de Fisica Nuclear Aplicada de la Universidad de Sevilla. Artículo escrito en colaboración con la UCC+i de la Universidad de Sevilla

QUÉ PASA CON UN TSUNAMI CUANDO LLEGA A LA COSTA?

Cuando el tsunami se acerca a la costa su velocidad disminuye según lo dicho arriba, pues la profundidad decrece. Si por ejemplo la profundidad baja a 30 metros, la velocidad de la ola será de sólo 60 km/h. Por conservación de la energía, si la velocidad de la ola disminuye, su altura aumenta. También nos podemos imaginar que el agua se acumula al frenarse, creciendo la altura de la ola. La longitud de onda también disminuye, con lo que la pendiente de la ola -más altura en menos distancia- crece amenazadoramente. La ola puede romper si la pendiente supera un límite. Si la costa tiene una pendiente muy suave el tsunami se manifiesta como una “marea rápida”, en la que el nivel del mar sube muy rápidamente: menos de 10 minutos. En ocasiones, si la pendiente de la ola es muy grande, el tsunami se comporta como una “pared de agua” que avanza formando un ángulo de unos 45º con el suelo. Es el caso más destructivo pero menos frecuente.

CÓMO SE PROPAGA UN TSUNAMI?

Una característica de los tsunamis es que su longitud de onda, es decir, la distancia entre dos olas consecutivas, cuando se generan es típicamente de unos 10 a 100 km. Esto supone una profundidad mucho mayor que la del mar, por lo que se consideran “ondas largas”. 

Como la altura de la ola es de unos pocos metros, la pendiente de la misma es inapreciable - unos pocos metros de desnivel en decenas de km-, siendo el tsunami totalmente inofensivo. Eso sí, una propiedad de las ondas largas es que la velocidad de propagación crece como la raíz cuadrada de la profundidad, sólo dependiendo de ésta. 

Por ejemplo, si la profundidad es 4 km la ola se mueve a 700 km/h, la misma velocidad que alcanza un avión a reacción. En resumen: el tsunami es inofensivo pero se mueve a gran velocidad, cruzando un océano en unas pocas horas.

cómo se produce un tsunami?

Un tsunami es una onda (ola) que se propaga en el mar y que es originada por un terremoto submarino, un corrimiento de tierras, una erupción volcánica o la caída de un meteorito.Como la primera causa es la más frecuente nos vamos a centrar en ella. La gran mayoría de terremotos se producen en fallas. Estas son fracturas en la corteza terrestre que acumulan tensión, la cuál es liberada en el terremoto: algo así como si estiramos un elástico hasta que se nos escapa. 

Lo que sucede es que las dos porciones de corteza terrestre separadas por la falla se deslizan una respecto a otra. Ese deslizamiento puede ser completamente vertical, lo que supone literalmente la caída de uno de los lados de la falla, totalmente horizontal o algo intermedio. La clave para que un terremoto submarino origine un tsunami es que que el movimiento tenga una componente vertical; si es totalmente horizontal no se producirá. El movimiento de la falla es tan rápido que el “escalón” que se produce en el fondo oceánico se refleja instantáneamente en la superficie del mar, que se deforma exactamente igual que el fondo. Todos sabemos que un “escalón” en el agua no es estable, la superficie tiende a recuperar la horizontalidad. El agua más alta desciende y viceversa, lo que da origen a una serie de ondas que se propagan en todas direcciones desde el lugar del terremoto: el tsunami.

viernes, 20 de octubre de 2017

FAMILIA SOBREVIVIENTE AL TSUNAMI

El próximo 26 de diciembre se cumplen 10 años del tsunami que azotó las costas de Tailandia, uno de los sitios más atraídos por los turistas debido a la belleza natural de ese lugar.
A pocos días de que se cumpla un aniversario más de esta tragedia, la revista Newsweek en su versión en español publicó un extenso texto y fotografías del testimonio de una familia de orígenes mexicanos-estadounidenses que en aquella fecha eligieron las playas de Tailandia para vacacionar.
Norma y su esposo Brian Dewald—ella mexicana, él estadounidense—acudieron a vacacionar con sus hijas y con los papás de Norma, pero como sucede en muchos viajes comenzaron a presentarse algunos contratiempos que tal vez anticipaban la tragedia.
El primero fue que debieron hospedarse en el hotel de la playa Patong debido a un error de la agencia donde compraron su viaje. La idea original era pasar varios días en Phi Phi, pero el destino les reservó un lugar en la isla principal de la zona, Phuket, se lee en el reportaje de Newsweek firmado por Manuel Baeza
El otro contratiempo para la familia Dewald fue que descubrieron que la agencia también sobrevendió lugares para la salida a bucear, así que invirtieron las actividades de las vacaciones: el domingo 26 de diciembre irían a la isla Phi Phi (algo que planeaban hacer el lunes) y Brian iría a bucear al día siguiente.
Una noche antes, Norma escribió un correo electrónico contando a sus amigos y familiares su visita a Tailandia. En el correo hablaba de todos los lugares que quedaron destrozados tras ocurrir el tsunami.
En entrevista, Norma recordó que “Cuando ya nos íbamos a ir, mi mamá salió del baño diciendo que se había mareado. Yo, sin saber que ya había comenzado el temblor (que originó el tsunami), le dije que no iba a dejar que me manipulara. Que ella iba a subir a la lancha, y las niñas también. Mi mamá se subió enojada y emprendimos camino”. Los abuelos le habían propuesto al matrimonio que ellos hicieran el viaje solos, mientras ellas cuidaban a sus hijas de apenas un año.
La familia realizaría un recorrido de aproximadamente una hora para cruzar de la playa Phuket a Phi Phi, pero antes de desembarcar en la isla para pasar un día completo en ella, el lanchero bordeó la costa a fin de que los turistas tomaran fotos. Luego preguntó si alguien quería practicar snorkel en las aguas cristalinas, sugerencia que fue aceptada por muchos, entre ellos Norma y Brian.
“Les dimos las bebés a nuestros papás y nos estábamos poniendo el equipo, cuando el lanchero aceleró. Nosotros perdimos el equilibrio y caímos sobre el piso”, explica Norma. “Me levanté a reclamarle al lanchero, pero él volteó y me dijo: ‘En mis 12 años de trabajo, no sé qué sea, pero jamás he visto algo así’. Y señaló hacia atrás de él, hacia el mar. A lo lejos se podía ver una pared muy alta, alargada, pero redondeada de arriba. Sin rompimiento. Se veía gris. Venía hacia nosotros”. Era la ola del tsunami.
La reacción del lanchero fue muy rápida, pues enfiló el bote hacia una serie de enormes rocas cercanas a donde ellos se encontraban. No fue el único en actuar así. Al menos una docena de botes con turistas, y un velero con una pareja, buscaron el mismo refugio.
“Nos metió escondiditos. Las piedras hacían como una cuevita. Eran muy altas. Allí nos estacionó. La lancha se movía mucho con las olas. Llegó un momento en que veías el mar de lado. En cualquier momento te podías caer”. El lanchero, Nos salvó la vida”, explicó Norma.
Según el testimonio de la mexicana, el actuar del lanchero siempre fue muy amable y profesional pese al ambiente de estrés que se vivía, incluso cuando recibió la llamada de la marina, donde le informaron que había ocurrido un maremoto
¿qué nos puede pasar?, preguntó Norma.
Me dijo que no me iba a mentir. Que él no sabía porque nunca había estado en una situación así.”
Tras el paso de la primera enorme ola, vino una segunda pero tanto su familia como los turistas europeos, estadounidenses y canadienses ya portaban salvavidas y continuaban ocultos entre las mismas rocas
“Estuvimos otro rato. Ya habíamos visto el calibre del tsunami. Mi papá había dicho que tal vez se había exagerado, pero el lanchero recibió otra llamada de que en Patong todo se había perdido. Y mi papá decía que exageraban. Pero ya cuando vimos la isla de Phi Phi con nuestros propios ojos, es cuando ya te entra más miedo. Porque entonces ves de lo que es capaz de hacer un maremoto”, recuerda Norma.
Tras los momentos de tensión y muchos decretos que hizo en silencio la familia, pudieron ponerse a salvo aunque lo peor no había pasado, pues una vez que “se tranquilizaron un poco las aguas, nos regresaron a la marina. Allí fue el shock porque prendieron la televisión”, dice Norma.
Ni Brian, ni Norma, ni nadie de los pasajeros conocía el nombre de quien les había salvado la vida, pues luego de que los turistas desembarcaron en la marina no supieron más de él, no pudieron nunca darle las gracias en persona.
Brian recuerda que aun cuando lograron llegar a la marina, tuvieron que permanecer por casi cuatro horas, y no había más turistas que su familia y los demás tripulantes de la embarcación
“No se pueden mover porque no hay a dónde ir”, explicaban los tailandeses a Brian.
Durante su espera lo único disponible para comer era arroz y agua, y su entretenimiento era ver en la televisión la información de lo que había generado el tsunami a través de la señal de CNN.
Uno de los momentos más tensos que vivió la pareja fue cuando en medio de los momentos de desesperación comenzaron a escucharse cohetes y todo el mundo brincó del miedo.
Algunos, entre ellos los testimonios de Newsweek reclamaron y pidieron que tuvieran un poco de consideración.
Norma recuerda: “Nunca nos imaginamos que Brian y yo íbamos a terminar llorando. Nos dijeron que uno de los señores que estaba subiendo a una lancha llegaba diario desde Phi Phi a trabajar a la marina, y que su esposa y sus hijos, como siempre, se habían quedado en la isla. Que en Tailandia tienen la costumbre de que cuando le quieren desear buena suerte a alguien, prenden cohetes. Y que habían prendido los cohetes para desearle a este señor buena suerte y que encontrara a su familia, porque no las había podido localizar en todo el día. Y que lo más seguro es que hubieran fallecido, pero que su religión les enseñaba a tener fe.
Fue hasta las 19:00 h, cuando la familia emprendió el camino de regreso a Patong a bordo de una camioneta. El viaje duró casi dos horas, y no porque la distancia fuera grande, sino porque durante el trayecto estaba lleno de obstáculos. “Uno tras otro automóviles varados a un costado del camino”, detalla Brian.
Antes de bajar, se les advirtió que el lugar donde se habían hospedado era una zona destrozada.
“No nos podíamos acercar a la zona del hotel. Todo se había caído. Había cristales, alambres, postes. La gente caminaba por las calles”, detalla Norma.
Los siguientes tres días continuaron igual de tortuosos para la familia, continuaban con el traje de baño y sandalias pues las grandes olas se habían llevado sus pertenencias. Norma recuerda que ocupaba las toallas del hotel como pañales para sus niñas.
“No recuerdo haber comido nada en tres días. A mis hijas les dábamos el dedo (para que lo chuparan). Solo había agua embotellada. Y no había dinero.”
Veían flotando cadáveres en la playa de Patong, pues a través de una tarea titánica los policías eran los responsables, porque hasta donde recuerdan Norma y Brian no hubo ni soldados, ni rescatistas pese a la tragedia que desató la naturaleza.
Fue hasta el tercer día cuando llegó la Cruz Roja enviados por las autoridades tailandesas, y pudieron dejar los trajes de baño para cambiarse con ropa de la corporación de rescate.
Brian dijo a Newsweek que la calma llegó cuando volaron hacia Bangkok, capital de Tailandia “Hasta que llegamos a Bangkok me sentí a salvo. Me pasé todo el vuelo decretando. Al momento de despegar muchos comenzaron a llorar por el desprendimiento de la persona que se quedaba atrás. Había mucha tristeza en el vuelo. Y había tanta negatividad en el vuelo, tanta tristeza, que no me sentía segura.”
Ya en Bangkok “había dos puestos. Uno de Estados Unidos, y el de México. Dudaron de la actuación de las autoridades mexicanos, incluso asegura Norma se vieron “malinchintas” y finalmente decidieron por el de Estados Unidos porque tenían más posibilidades de que nos ayudaran.
“Fuimos, nos ayudaron, nos llevaron a la embajada (de Estados Unidos), todo perfecto. Nos dieron ropa de la Cruz Roja, nos pasaron a las oficinas, nos hicieron llenar formas para los pasaportes de mis hijas y de Brian. Nos iban a ayudar a los mexicanos por ser yo su esposa y mis papás los suegros. Estábamos supercontentos.
Sin embargo, en la embajada estadounidense tenían que firmar un documento para recibir un préstamo y en cuanto llegaran a China, donde residían tenían que depositar en una cuenta bancaria.
La familia Dewald se trasladó a la legación mexicana. “Allí nos recibió el cónsul”, explica Norma. Ahí el cónsul les ofreció 500 dólares a cada uno, a Brian también pese a ser americano.
“Les vamos a hacer la reservación en un hotel. Y los van a llevar al centro comercial para que hagan sus compras. Y les vamos a restituir sus pasaportes, les vamos a dar sus boletos a cada uno para México”, ofreció la representación diplomática.
Norma explicó que ellos vivían en China. “Y nos dijeron: ‘No se preocupen, les damos boletos a China’. Y como mis papás tenían sus maletas en China, nos dijeron: ‘No se preocupen, les damos (a ellos) boletos a China y boletos para México’.”
Los siguientes días la familia Dewald los pasó en Bangkok, a la espera de que los diplomáticos mexicanos les consiguieran un vuelo de regreso a China.
Seis meses después del tsunami, Norma, Brian y sus hijas regresaron a Tailandia. Lo hicieron pensando en superar la experiencia vivida. Fueron más de 20 días los que pasaron en el lugar buscando descansar y, al mismo tiempo, dejar atrás lo vivido. Más de 20 días en que, pese a estar en la playa, no tocaron el mar ni un solo instante.

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